¿Merece la pena visitar el castillo de Dover?
El castillo de Dover no parece tanto un simple monumento como una sucesión de capas de la historia inglesa apiladas en una colina azotada por el viento sobre el mar. En un momento estás paseando por amplios pasillos medievales de piedra, construidos para reyes y asedios; y al siguiente, te encuentras en las profundidades subterráneas, en túneles de guerra llenos de mapas, teléfonos y anuncios de radio que resuenan.
El castillo de Dover se construyó para controlar una de las entradas costeras más importantes de Inglaterra. Quienquiera que controlara esta fortaleza en lo alto del acantilado dominaba el paso más estrecho entre Inglaterra y Europa continental, y esa importancia estratégica se nota allá donde mires.
El ambiente cambia constantemente por todo el recinto. La Gran Torre te da una sensación de solemnidad y majestuosidad, las almenas te hacen sentir expuesto y te transmiten un aire dramático, y los túneles de la guerra te provocan una sensación de tensión y claustrofobia que los museos rara vez consiguen transmitir.
Lo que más te llega es la sensación de que este lugar nunca se quedó estancado en una época concreta. La historia romana, medieval, napoleónica y bélica se entrelazan aquí de una forma que se percibe como algo tangible, en lugar de algo lejano.
No te lo veas si tienes menos de dos horas o si no te gustan nada las subidas empinadas y los grandes recintos históricos repartidos en varios niveles.