La necesidad de un nuevo paso
A finales del siglo XIX, el este de Londres necesitaba otro paso sobre el Támesis, pero un puente fijo convencional habría obstaculizado el paso de los grandes buques mercantes que prestaban servicio en los concurridos muelles situados río arriba. El reto era tanto arquitectónico como práctico: el puente tenía que ser móvil, soportar un tráfico cada vez mayor y encajar en su entorno histórico, cerca de la Torre de Londres.
Concurso de diseño y construcción
Un concurso de diseño dio lugar al proyecto elaborado por Sir Horace Jones y el ingeniero Sir John Wolfe Barry. La construcción comenzó en 1886. Jones falleció antes de que se terminara, pero Barry siguió adelante con el proyecto, utilizando una estructura de acero revestida de granito y piedra de Portland para combinar resistencia y majestuosidad visual. El Tower Bridge se inauguró en 1894.
Modificaciones mecánicas y posterior restauración
Al principio, el puente funcionaba con maquinaria hidráulica impulsada por vapor. En 1976, ese sistema se modernizó y pasó a ser electrohidráulico, mientras que los motores históricos se conservaron para su exposición. Su aspecto también fue cambiando con el tiempo: en 1977, con motivo del Jubileo de Plata, se le dio un nuevo pintado en rojo, blanco y azul, y las posteriores campañas de restauración le devolvieron la sencilla combinación de azul y blanco que la mayoría de los visitantes conocen hoy en día.
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