La entrada suele marcar el tono antes incluso de entrar en casa. Te adentras en una zona más tranquila de la finca de Windsor, donde los árboles centenarios y los amplios jardines dejan claro que fue concebida como un lugar de retiro, no como una fortaleza. Fíjate en cómo la casa se integra en el paisaje. Esa intimidad, más que la grandiosidad, explica por qué generaciones de residentes de la realeza la valoraban tanto.
